LECTURA POLÍTICA

Noé Mondragón Norato

Chapulines verdaderos sin sanción

La novedad política de la reforma electoral impulsada por el actual presidente AMLO, es que el chapulineo en los partidos políticos se ataca y contiene en los tribunales electorales. Pero no en los hechos y en la realidad concretos. Se entiende que una reforma electoral a fondo eliminaría las complicidades y conveniencias de los distintos actores políticos partidistas, traduciéndose en un hecho incontrovertible: los partidos políticos se quedarían sin muchos de sus candidatos aparentemente “competitivos”. Y los viejos, descontinuados y caducos personajes políticos se verían obligados a pasar obligadamente, a retiro político. A jubilarse con el fin de evitar el manoseo grosero, recurrente y cínico de las candidaturas a cargos de elección. Es cuestión de pulsar algunos eventos recientes.

CONTENCIÓN SIMULADA. – Los políticos le llaman pomposamente “carrera política” al hecho de mantenerse eternamente en la rueda del poder. En las áreas decisivas de los gobiernos. Para ellos su presencia en la función pública no tiene fecha de caducidad. Como si sempiternamente también, sus resultados se midieran en términos de excelencia. Pero lo que se alienta en realidad, es la incubación de los cacicazgos.  “Un político deja de hacer política hasta que se muere”, dicta jactancioso el exgobernador perredista Ángel Aguirre. Pero una reforma electoral de a de veras, eliminaría de golpe a los malos políticos. Se lee así: 1.- El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) tumbó las candidaturas de los aspirantes a la alcaldía de Acapulco de la alianza PRI-PRD-PAN, Carlos Granda y del MC, Yoshio Ávila. Alegó que ambos personajes se registraron inicialmente en el Morena para la contienda por dicha comuna. Y luego lo hicieron por las siglas de los partidos que los respaldan. Una exitosa forma de fraguar emboscadas políticas. Pero si el chapulineo se atacara de origen y registrando los antecedentes partidistas de cada personaje, muchos de los actuales gobernantes se quedarían en el camino. Comenzando por la propia alcaldesa de Acapulco, la morenista Abelina López Rodríguez que inició como militante del PRD y luego convenientemente se mudó al Morena. O el propio candidato a senador por el MC, Mario Moreno quien “oportunamente” y al no quedar como candidato del PRI al senado, se cambió al MC para tratar de conseguir el escaño. No es una reforma electoral de avanzada democrática aquella que permite el reciclamiento de personajes sin escrúpulos y cuyo objetivo central es el poder por el poder. Pero, sobre todo, que no muestran resultados en su tarea de simulado y engañoso “beneficio popular”. 2.- Hay en este sentido, casos mucho más chapulinescos. Y hasta patéticos. Destaca el aspirante a gobernar Chilpancingo, Jorge Salgado Parra, quien, siendo un priista de origen convertido en diputado local, saltó en 2011 al PRD que lo hizo diputado federal y luego en la elección de gobernador de 2015 regresó al PRI para apoyar el proyecto a gobernador de Héctor Astudillo. Este a su vez, lo convirtió en funcionario en ese gobierno y luego diputado local otra vez. Hoy es el “flamante” candidato del Morena en la capital. Y sin ningún tipo de escrúpulo, vergüenza o pudor, pide el voto ciudadano en el nombre del “segundo piso de la 4T”. Irónicamente, a favor de esa misma izquierda por la que operó en contra como diputado federal, avalando en 2013 con su voto, el criminal Pacto por México de Peña Nieto. O el caso también, del advenedizo candidato del Morena-Verde en el municipio de Iguala, Erick Catalán Rendón, un priista redimido por “la izquierda” que terminó convirtiéndolo también, en su hipotético representante a esa alcaldía. Erick se vendió morbosa y mediáticamente, con un atentado a balazos en su contra −del cual salió ileso− ocurrido en febrero pasado. Pero ni así puede desprenderse de su origen priista. Al final de cuentas, ¿de qué le sirve al ciudadano de a pie que bajen a un determinado candidato de la contienda electoral si después este encontrará acomodo y será admitido en otro partido político? ¿Contribuye eso al fortalecimiento real de la democracia? ¿O es el síntoma más evidente de la descomposición acelerada del poder? El registro puntual de cómo y cuántas veces cierto personaje ha saltado de un partido político a otro, debería ser el parámetro ideal a través del cuál los órganos electorales midan, acepten o nieguen la participación electoral a los aspirantes a cargos de elección. No la simple sanción en los tribunales que sólo alienta el morbo social. Porque el cambio de camiseta partidista confirma también los niveles de deslealtad con los ciudadanos. Las reformas electorales están en ese sentido, en pañales.

HOJEADAS DE PÁGINAS…Como la aceptación del mea culpa por haber enfrentado al rector de la UAGro, Javier Saldaña Almazán durante la pasada elección de director en la Facultad de Ciencias Químicas, pero también como un acto de arrojo, valentía y dignidad se lee la postura de la académica Berenice Illades Aguiar, quien, a través de un pronunciamiento público en la prensa, enfatizó dos cosas: que su distanciamiento del rector tuvo su origen en la suciedad de esa elección avalada desde la rectoría. Y que no aceptaba el cargo de Coordinadora General de Innovación y Transformación, otorgado por el rector, que era de menor jerarquía al que desempeñaba como titular en la Secretaría General. Illades dio una apabullante lección de moral a todos aquellos funcionarios de la administración central que doblaron mansamente la cerviz, cuando fueron bajados de sus cargos anteriores y arrumbados en otros de menor importancia. Contadas, pero todavía existen personas dignas al interior de la UAGro. Indispuestas a someterse a la tiranía.

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